SVG a 3D
Extrusión de archivos SVG a sólidos imprimibles. Respeta los agujeros del trazado y permite ajustar altura y escala antes de exportar el STL.
¿No tenés un archivo a mano?
Extrusión de archivos SVG a sólidos imprimibles. Respeta los agujeros del trazado y permite ajustar altura y escala antes de exportar el STL.
¿No tenés un archivo a mano?
Exportado de Illustrator, Inkscape o Figma. Los paths se leen con sus curvas y agujeros.
Ancho final en mm y cuánto sobresale la extrusión.
STL sólido con las curvas del vector convertidas a geometría limpia.
Porque el problema tiene dos soluciones y la fácil está mal. El formato SVG usa el eje Y hacia ABAJO —heredado de cómo se dibuja en una pantalla— mientras que el 3D lo usa hacia arriba, así que un SVG extruido sin corregir sale invertido verticalmente. La solución rápida es espejar el dibujo, y funciona hasta que el diseño tiene texto o un logo: ahí queda escrito al revés y las letras salen invertidas. El conversor de SVG a 3D de ilove3d rota el dibujo 180 grados sobre el eje X en lugar de espejarlo, lo cual corrige la orientación sin invertir nada, porque una rotación conserva la quiralidad de la figura y un espejado no. La diferencia se ve enseguida con cualquier logotipo que tenga texto: rotado se lee normal, espejado se lee al revés aunque la silueta parezca idéntica.
Con paths vectoriales sí, incluyendo curvas Bézier, subtrazos y agujeros interiores, que es lo que cubre la enorme mayoría de los SVG que se exportan desde Illustrator, Inkscape o Figma. Donde no funciona es con lo que no tiene geometría que extruir: los SVG que llevan una imagen bitmap embebida son en realidad un JPEG o un PNG dentro de un envoltorio vectorial, y los que usan filtros, degradados o máscaras describen efectos de render y no contornos. El conversor de SVG a 3D de ilove3d necesita contornos cerrados para poder extruirlos. Si tu archivo no funciona, la solución habitual es abrirlo en el editor y convertir todo a paths antes de exportar —en Illustrator es Objeto, Expandir; en Inkscape, Trazado, Objeto a trazado— y volver a intentar con el resultado. Los SVG que salen de un trazado automático sobre una imagen también funcionan, porque el resultado de ese proceso ya son paths y no el bitmap original.
Son dos usos distintos del mismo dibujo y cada uno pide algo diferente. Para un sello, acordate de espejar el diseño en tu editor vectorial ANTES de exportar, porque un sello imprime en espejo sobre el papel: si no lo hacés, el texto sale invertido en la estampa aunque en el modelo se lea bien. Después extruí entre 2 y 3 mm sobre una base plana que te sirva de agarre. Para un stencil la lógica es la contraria: el dibujo tiene que ser el hueco y no el relieve, así que conviene usar el contorno como agujero dentro de una placa. El conversor de SVG a 3D de ilove3d te deja ajustar el espesor de extrusión y el de la placa por separado, que son los dos números que definen si la pieza aguanta el uso.
Las curvas Bézier se muestrean a suficientes segmentos para que la fidelidad supere lo que una boquilla de 0,4 mm puede reproducir físicamente. Eso significa que en el tamaño de impresión real los bordes salen suaves y no facetados, aunque si hacés zoom en el visor puedas llegar a distinguir los segmentos. Es una decisión deliberada: subir el muestreo más allá de ese punto multiplica los triángulos del archivo sin que la pieza impresa cambie en absoluto, porque el detalle cae por debajo del ancho de una línea extruida. Si tu diseño tiene curvas muy grandes y suaves —un arco de varios centímetros— y notás facetas, casi siempre el problema no es el muestreo sino que el SVG original ya venía con la curva aproximada por segmentos rectos desde el editor. El conteo de triángulos aparece antes de descargar, así que si te preocupa el peso del archivo podés comprobarlo de un vistazo en vez de suponerlo.